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El tráfico urbano a finales del siglo XX: hacia la movilidad sostenible

Insights El tráfico urbano a finales del siglo XX: hacia la movilidad sostenible

En la segunda mitad del siglo XX, las grandes ciudades en España y en especial su capital, Madrid, había experimentado un notable crecimiento demográfico, motivado entre otras razones por la emigración interna del país desde las zonas periféricas hacia la capital. El objetivo de estos nuevos residentes en la ciudad era aspirar a mejores oportunidades de educación y empleo, previstas desde los Planes de Desarrollo que se habían implantado a partir de los años 60. Este crecimiento se tradujo en una saturación urbana por lo que, a partir de los años 70, se empezó a construir el anillo de circunvalación hoy conocido como M-30 destinado a facilitar el tráfico. En esa misma época se construyeron y habitaron rápidamente muchos de los barrios periféricos en la zona exterior de aquel anillo.

Conscientes de lo problemas de tráfico que provocaba esta situación, los responsables del Ayuntamiento se comprometieron desde el principio a ofrecer soluciones, buscando la tecnología más vanguardista capaz de resolver sus necesidades. Desde la delegación de Circulación y Transportes en el consistorio se coordinó la implantación de soluciones para regular el tráfico en Madrid, contando desde el primero momento con SICE.

De esta manera, en un momento tan temprano como 1983, se instalaron en Madrid las primeras soluciones que situaban a la ciudad a la vanguardia del tráfico urbano, utilizando centrales de zona y reguladores semafóricos que, basados en microrpocesadores, ya incluían un software de control, permitiendo de una forma más dinámica y eficaz, personalizar la solución en cada intersección. Esta voluntad del Ayuntamiento de adelantarse a las necesidades de los ciudadanos y ofrecer respuestas, dio margen a SICE desde los años 80 a plantear y proponer soluciones tecnológicas elaboradas desde el equipo de desarrollo de la empresa, para mejorar la regulación del tráfico urbano.

Fue precisamente en esta época, cuando el Ayuntamiento de Madrid convocó el “Plan Recta”, un proyecto de ampliación y mejora de la Red de Regulación Semafórica del Tráfico Urbano. El objetivo era centralizar la regulación semafórica en el área de la ciudad, y posteriormente, extenderlo a otros barrios periféricos. SICE fue la empresa adjudicataria de este concurso, que se desarrolló por fases hasta mediados de los años 90.

En paralelo, el Ayuntamiento de Madrid creó y dirigió las actividades de un comité técnico, enfocado a establecer una normativa de comunicaciones que debía ser común para los reguladores semafóricos de toda la ciudad. Junto a otras compañías del sector, SICE formaba parte de este comité como empresa consultora. Las reuniones de este comité dieron lugar a un documento que se publicó en 1990 y que cuatro años más tarde, serviría como referencia para diseñar la centralización del tráfico de la ciudad.

Pero SICE no sólo instaló su tecnología en Madrid: a finales del siblo XX la empresa ocupaba una posición de liderazgo en el sector del tráfico urbano, realizando instalaciones de gestión del tráfico en más de la mitad de capitales de provincia de España y otras ciudades importantes. Trabajar en la gestión del tráfico fuera del ámbito español fue muy complicado en los inicios. Costumbres distintas relacionadas con un uso muy variado del espacio urbano complicaban una correcta puesta en marcha de los sistemas semafóricos. La clave del éxito: la capacidad de adaptación y personalización de productos y sistemas, una de las características que siempre han definido a SICE.

La clave del éxito: la capacidad de adaptación y personalización de productos y sistemas, una de las características que siempre han definido a SICE.

Los sistemas centralizados de gestión del tráfico urbano, que tomaron mayor protagonismo en los años 80 y 90, se enfocaron a descongestionar las calles y avenidas de las ciudades de los vehículos a motor de índole privado, aplicando procedimientos, algoritmos y tecnología diversa para que los vehículos pudieran moverse con relativa fluidez dentro de la urbe. Esta perspectiva ha ido cambiando a lo largo de los años, especialmente desde principios del siblo XXI, cuando todos los actores involucrados se dieron cuenta de que lo que comúnmente llamamos “atascos” era un problema, pero el enfoque no era el adecuado. La solución no pasaba por darle mayor prioridad al vehículo, focalizando el esfuerzo en poder moverlo con mayor fluidez, sino en aumentar la prioridad del principal actor: el ciudadano.

SICE ha evolucionado su sistema de gestión de tráfico urbano a lo largo de estos años, no solo para incorporar la última tecnología disponible sino también por las necesidades de los usuarios. Para ello, la empresa cuenta desde hace décadas con un Equipo de Ingeniería de Tráfico, que extrae, procesa, da forma, interpreta y gestiona todos los datos captados y es capaz de procesarlos e interpretarlos, extrayendo conclusiones que dan lugar a acciones concretas a implantar en las intersecciones para una correcta gestión del tráfico, manteniendo siempre una visión global de la ciudad. 

Además, desde principios del siglo XXI ha aparecido un nuevo condicionante: la contaminación atmosférica y acústica en la ciudades, con el consiguiente concepto de “restricción de la circulación”, precursor de las actuales “Zonas de Bajas Emisiones” (ZBE). Los actores que forman parte de la movilidad han ido aumentando: al vehículo privado se suman el transporte publico y la micromovilidad. Y en realidad, sí, los vehículos de movilidad persona pueden ser una solución a parte de los problemas de las ciudades (ocupan poco espacio, se mueven más despacio y en general no contaminan. Pero la consecuencia es clara: los datos susceptibles de ser gestionados y procesados también crecen. Y es imprescindible seguir garantizando la seguridad de todos los actores, definiendo una nueva escala de prioridades en la gestión de la movilidad. Nuevos retos, para un nuevo siglo.

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admin2323

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